El mar y las islas.
Gemas engastadas en un líquido zafiro.
Lágrimas de lava, llanuras calcáreas trilladas por el viento, landas soleadas del color del bronce: cada una de las islas adorna el litoral siciliano como un collar de perlas adorna el cuello de una bella mujer. Catorce son, las hijas de Sicilia, por no hablar de Mozia que, a veces, con la marea baja se une a la costa de Marsala. Catorce paraísos de belleza incontaminada. Algunas con la fascinación africana, como las Pelagias, en la provincia de Agrigento, y Pantelleria en la provincia de Trapani. Otras, sin embargo, señoras sin iguales del mar y de sus secretos como Levanzo, Favignana y Marettimo: el archipiélago de las Egades en el mar de Trapani. Más hacia el norte, en un espléndido aislamiento, encontramos Ustica, la Isla de Circe, con su reserva marina intacta. En las Eolias, en la provincia de Messina, se dan cita el agua y el fuego. En definitiva, allí, la naturaleza sigue dictando sus ritmos y el viajero sólo debe dejarse embrujar por las mágicas atmósferas de los pescadores y de los agricultores de la isla, últimos guardianes de antiguas tradiciones mediterráneas. La elección es suya entre las mundanerías eolianas, el silencio de las Pelagias o los perfumes de las Egades.
El mar es siempre de color zafiro, surcado por delfines y emperadores. Desde siempre.
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